Martes, 19 de septiembre de 2017
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¿Por qué Macron?

Ante los últimos resultados en las elecciones presidenciales francesas en las que los ciudadanos franceses eligieron a Macron que presidente de la república nos debemos preguntar el “por qué” de este resultado. ¿No era Macron el ministro de economía de un gobierno socialista al que precisamente se trataba de castigar? ¿No es Macron más de los mismo?¿De verdad creemos que los franceses identifican los valores de la república en la figura de un banquero que pretende subordinarse por entero a la Troika? ¿Qué ocurre en definitiva? Vivimos en tiempos de confusión política. Los ejes izquierda-derecha no se han desvanecido, tampoco la lucha de clases (que duda cabe a cualquiera que hable en serio), ni siquiera el mundo del trabajo y la familia a pesar de los cambios. Entonces, ¿Qué ocurre? ¿La gente se ha vuelto loca? Hay dos opciones: por un lado, podemos adoptar (y eso supone darnos por vencidos) la postura que aboga por la ignorancia del votante, su imprevisibilidad y su falta de criterio político. La cual, independientemente de su veracidad (en mayor o menor medida), es victimista, derrotista e ineficaz. De eso no hay duda. Si el votante no sabe lo que vota hay poco que discutir (de hecho reflexionar se muestra inútil). Por eso, y esto es lo que propongo que pensemos, hay que comprender. Entender que ha pasado por la cabeza del votante y determinar las causas (como si fuera un problema físico que queremos resolver) que han llevado a introducir en la urna una papeleta u otra. El que mejor entendió a la hora de analizar una coyuntura política fue Maquiavelo, sin duda. No se trata de resignarnos y decir que la situación es buena o mala, justa o injusta, sino de comprender y actuar en función de ella para cambiarla.

El análisis, que sin duda requeriría dimagese bastante más detenimiento del que disponemos ahora, puede versar entre otras sobre estas tres claves principales:

– El mundo en el que vivimos está falto de certezas, como diría Bauman. Tenemos dificultades incluso para reconocernos a nosotros mismos, en una sociedad, en una ideología política o en un proyecto de vida. Los jóvenes, por poner el ejemplo de un estrato social concreto, no tenemos ninguna seguridad en la viabilidad de nuestros proyectos de vida. Ni el trabajo, ni la familia, ni la pareja son pilares que nos garanticen estar seguros en un mundo que siempre ha sido, es y será un valle de lagrimas. El ser humano, antropológicamente, es un ser indefenso que necesita buscar resguardo en los demás. Esto es fundamental. Sin embargo, el neoliberalismo lo destruye todo. Recordemos a Marx cuando en el Manifiesto nos recordaba que en las sociedades capitalistas “todo lo estamental y estable se disuelve”. Entender esto ya significa mucho. Nos ayuda a entender porque afirmamos decididamente que “el fascismo es hijo del capitalismo” o que “a más globalización las sociedades gritan más nación”. El ser humano necesita sentirse socialmente seguro y, como respuesta, si no es así (si se destruyen todas los vínculos), la sociedad reacciona. Esa reacción tiene un nombre: fascismo. Ahora, quizás, podamos entender un poco más al votante de Le Pen que reclama, incomprensiblemente, solidaridad y derechos públicos, pero solo para los franceses.

-Por otro lado, sería conveniente entender cual es el papel de la educación política en la Francia actual (extrapolable al resto de Europa). El viejo sistema de partidos ha caído por su peso, es evidente. La desconfianza en la política institucional era latente ya desde hace quizás décadas (recordemos que ya Chirac se enfrentó a Le Pen padre en una segunda vuelta hace ya mas de 15 años). El sistema de partidos tradicionales, igual que aquí en España, se derrumbaría y habría una posibilidad de cambio, una ventana de oportunidad: un momento constituyente o fundacional. Ante esta situación el “estatus quo” siempre se guarda una carta. La carta a nosotros nos sonará familiar: un hombre de centro capaz de regenerar la política. Ese es el as de la baraja. Ese hombre en Francia es Macron. Esto tiene mucho que ver con la educación y la cultura política, desde luego. Bajo el beneplácito de los medios, el centrista es, por excelencia, el político de estado que puede salvar la república de los envites extremistas. Un importante grueso del votante (normalmente aquel que ha sobrevivido a la situación de depresión económica y social) entiende que la salida de la crisis no puede venir por políticas rupturistas con lo viejo. Se oculta así el eje izquierda/derecha y se sustituye por el eje continuista/rupturista. Esta nueva polarización es nefasta para la izquierda ya que la obliga a competir en el mismo terreno (por el mismo electorado) que el Frente Nacional u otros partidos de extrema izquierda.

-En tercer lugar, creo entender, que no podemos entender correctamente los resultados si no entendemos el contexto geopolítico. Tras la salida de Gran Bretaña de la UE y las dificultades que atraviesa progresivamente la diplomacia mundial, el electorado a optado por buscar refugio en la Unión frente a las alternativas de reforma o ruptura. El peso que tiene Francia dentro de la UE sigue siendo fundamental y por ello los electores han decantado la balanza en favor de un hijo del sistema. Macron es el claro ejemplo de la producción de élites de la república francesa. Por esta razón su perfil se adapta a la perfección con lo que en este momento demandan las propias clases dirigentes del país. Un estadista capaz de hacer ganar peso a Francia dentro de la UE pero sin voluntad de reformarla en el fondo ni en la base. Se trata de otra vía, tras el fraude que supuso la presidencia de Hollande, para hacer de Francia el país que lidere el contexto mediterráneo frente Alemania. El resultado no expresa una voluntad mayoritaria de cambio en lo que respecta a la UE. Parece una perogrullada pero Francia no es periférico. Esto ha resultado fundamental a la hora de decantar el voto. La crisis económica y social, sumada a la amenaza del terrorismo, no ha sido suficiente para hacer quebrar la legitimidad que las instituciones. Por esa razón, lo que ha votado el pueblo francés ha sido una opción que actúe como reformadora dentro y fuera de Francia, nunca como elemento de verdadera ruptura con lo anterior. Francia, en definitiva, quiere ganar fuerza respecto de sus socios comunitarios, no bifurcar sus caminos.

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Acerca de Sergio Sigüenza

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Estudiante de Filosofía y Sociología en la UCM.

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