miércoles, 5 de agosto de 2020

La moda de lo precario

Recuerdo aquellos años en los que no era tan “cool” hablar con acento o escuchar a Canelita o a Camela porque esas cosas las hacían los pobres y los gitanos.


Ahora parece que todos son o han sido hijos de la calle, que han crecido en la precariedad e incluso se sienten orgullosos de esas supuestas raíces de las que provienen, quién nos lo iba a decir hace diez años ¿verdad?


Siempre me ha sorprendido el poder de absorción del capitalismo de todo aquello que genere riqueza, aunque paradójicamente, esa riqueza la genere el imitar las condiciones de vida precarias que provoca ese mismo sistema.

Cuando hacemos críticas sobre la apropiación cultural no queremos acabar con la carrera de nadie ni tenemos intereses personales que nos lleven a ello, solo queremos que no sea tan sencillo y gratuito colonizar identidades de pueblos oprimidos y clases bajas, es amoral, legitima y perpetúa aún más la brecha de desigualdad que existe entre clases.

Claro que Rosalía puede cantar flamenco, pero resulta bastante incómodo ver cómo utiliza los códigos, la identidad, la jerga y la cultura de un pueblo como un disfraz para lucrarse económica y artísticamente de ello.

Ver cómo canta “Los duros antiguos” con acento andaluz e incluso seseo cuando es catalana y se expresa en su día a día con un acento bastante alejado del andaluz me genera sentimientos encontrados; será que a mi no se me olvida cómo se han reído de nuestro acento toda la vida cuando no estaba de moda; cuando tenía que ocultarse y neutralizarse en entrevistas de trabajo, cine, teatro y un largo etc… se reían de nuestra forma de expresarnos y nuestro acento porque es acento de pobres, de los que vendimian, de los que labran el campo, de los que viven lejos de industrias de esas que generan un buen PIB.

Es un hecho que el capitalismo ha puesto de moda lo “pobre”, gasta toda su energía y medios en romantizar la precarización. Por eso Rosalía es su producto estrella. Una mujer blanca, que no ha crecido en la pobreza, ni en andalucía, ni con los gitanos pero que se ha puesto su cultura de peineta a cambio de nada, por eso es venerada por este sistema, porque cuando toda esta corriente de lo precario se pase, como toda moda, ella podrá abandonar esa identidad para acoger otra nueva, y cuando eso suceda, los gitanos y los pobres seguirán estando donde siempre y tan oprimidos como siempre.

A los individuos que acogen la apropiación cultural les suele importar más bien poco las condiciones sociales y de vida de aquellos a los que roban sus elementos culturales, ese es el problema, de ahí viene la lucha contra la AC; es como aquel señor blanco que en plenas protestas del BLM a colación del asesinato de George Floyd, decía aquello de “ los negros se matan entre ellos” negando la violencia estructural y sistematizada por motivos raciales en Estados Unidos, todo esto sentado en su sillón de privilegios pero luciendo un Du-rag en la cabeza.

Supongo que cuando todo el séquito de seguidores de Ernesto Castro se cansen de hacerse los entendidos del flamenco y dejen de poner nombres anglosajones a las cosas que hemos hecho los pobres toda la vida, las cosas volverán a su cauce normal donde a los pijos les siguen importando bien poco los pobres, los pueblos oprimidos y sus condiciones de vida, pero esta vez, sin tener que disfrazarse de ellos.


“La apropiación cultural es el robo colonial que activa una herida histórica” Iki Yos Piña Narváez

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Acerca de Mamen Sáez

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Comunista, republicana, atea, feminista, antifascista, anticapitalista, militante de base. Periodismo en la UCM. Extremeña perdida en Madrid. BRUJA

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