Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Sobre la necesidad del comunismo

Una de las grandes preguntas que siempre está revoloteando por la cabeza de la juventud obrera de nuestro país es: ¿qué será de mi vida dentro de unos años? Es difícil escapar, o más bien, nadie puede escapar a esta cruda pregunta en la que se pone en juego nuestro proyecto de vida y de la que el sistema nos da tres salidas, de las cuales no se puede elegir otra: emigración, paro o precariedad. Esta es la cruda realidad a la que nos enfrentamos día tras día. Sin embargo, en el momento en que nos quejamos de nuestra situación, entra en juego todo el aparataje del sistema diciendo que la culpa no es suya, sino que la culpa es de la propia juventud obrera porque no tiene el suficiente espíritu emprendedor o aventurero que es necesario para poder salir adelante y prosperar dentro de la sociedad.

Ante estos ataques, muchos de nosotros y nosotras nos manifestamos bajo el lema: “no es que estemos en contra del sistema, es que el sistema está en contra de nosotros.” Es decir, el propio sistema capitalista es el culpable de la situación a la que estamos obligados a vivir y no nos da ninguna oportunidad de construir un proyecto de vida.

Si se puede caracterizar de alguna forma al sistema capitalista es como una dictadura del tiempo, es decir, lo único que importa es que no se pongan barreras a la oferta y la demanda de cualquier producto que se encuentre en cualquier parte del mundo a cualquier hora del día, imponiéndose constantemente un “ahora” que perpetua la vorágine del tiempo en la que estamos sumergidos. Y la juventud obrera a ojos del sistema no somos más que un producto entre otros con el que poder especular. Al ser un producto más, no se encuentra el capitalismo subordinado a nosotros, sino más bien nosotros nos encontramos subordinados al capitalismo. Una de las primeras consecuencias de esto es que también vivamos constantemente en un “ahora” infinito, por lo que para nosotros no hay un mañana. Pero, ¿qué pasa si no hay un mañana? Sin el mañana no hay seguridad, es decir, no hay un proyecto de vida. Nos encontramos bajo la dictadura de la precariedad, la dictadura del tiempo. Un ejemplo muy esclarecedor es el siguiente: ¿cuántos de nosotros no hemos podido hacer un plan con cinco meses de antelación porque no sabíamos que sería de nosotros y de nuestra situación?

Ante todo esto, no podemos quedarnos en la mera resignación que produce un mantenimiento del sistema capitalista. Tampoco podemos pensar en una especie de estado que debe implantarse en la realidad, es decir, un ideal que debe sujetarse en la realidad. No se trata de nada de eso. La solución pasa por el comunismo. Puede que sea chocante, más si tenemos en cuenta toda la verborrea ideológica que se ha dicho en éstas últimas décadas, pero es la única solución con la que se puede conseguir que el sistema económico se encuentre subordinado a la juventud obrera, y a la clase obrera en su conjunto, y podamos construir un proyecto de vida porque, como dijo Marx: “nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual.”

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Acerca de Mario Sánchez-Pardo Olivares

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Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de los que se trata es de transformarlo. (XI Tesis sobre Feuerbach, K. Marx)

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