Domingo, 23 de abril de 2017
huelga educativa

A quienes no entienden que hagamos huelga

Decía Levi-Strauss, hablando sobre la universidad, que a esta había que darle todo y no pedirle nada a cambio, solo así sería posible (según él) una educación libre y sin ataduras en los intereses del mercado. En nuestro caso, podríamos ampliar y reformular este lema y decir algo así como “si queremos que la educación pública sea libre, hay que darle todo y no pedirle nada”. En el fondo, resumiendo, con ello estamos pidiendo tres cosas fundamentales (que ahora explicaremos) por las que seguir movilizándose y seguir siendo combativos: la educación pública necesita medios materiales, auto gestión de sus recursos y, en relación con las anteriores, libertad para adaptarse a las demandas científicas y humanas (no mercantiles). Estas tres son, en resumen, las luces que guían nuestra lucha estudiantil.

Precisamente, esto es, lo contrario que sistemáticamente ha hecho el gobierno del Partido Popular. Esto es tan evidente que incluso lo hemos normalizado. La anestesia ha consistido en que, de cara a la sociedad, los estudiantes que protestábamos fuéramos tildados de “pesados”, “rebeldes sin causa” o de “ni-nis”. Es increíble. Ya no se trata de pedir la luna, sino, al menos, que nos dejaran formarnos. Como algo tan aparentemente sencillo se ha convertido (en pleno siglo XXI) en una demanda revolucionaria. Como no parecer pesados, si lo que estamos pidiendo es algo tan básico como el aire. ¿Cómo es posible tener un futuro si, además de robarte el pasado, ya no tienes recursos para construir tu presente? Es verdaderamente vergonzoso. Además, como si esto no fuera poco, te proponen dos alternativas: o te pagas una educación privada (y allí tendrás una oportunidad) o trabajas “de lo que quiera el mercado”. El problema de esta alternativa es que al mercado, como todo buen dictador, unas veces le viene bien una cosa y a veces otra, según se levante. Desde luego que no suena bien como proyecto de vida atarse a un poder que, aun haciendo nosotros nuestra parte, siempre va a ordenarnos según “lo que le apetezca”.

Por esta razón solo pedimos dos cosas, una ideal y otra material; la primera es que nos dejen ser libres, que nos permitan construir nuestra vida en base a una expectativa de futuro. Sin sueños la vida está vacía y eso es lo que pretenden los grandes poderes. Gentes sin sueños ni proyectos que trabajen como zombis productivos. Que gran negocio, así nadie nunca se quitará sus cadenas de esclavo. La segunda demanda, material, es que nos proporcionen medios para hacer posible lo primero. ¿Cómo voy a conseguir salir del hoyo si me están pisando la cabeza? Si mis padres pagan una hipoteca, están alguno de ellos en paro, tenemos una abuela de la que cuidar o tengo mas hermanos en casa, ¿cómo voy a poder estudiar? ¿De verdad es tan difícil de entender? Es evidente que saben de nuestros problemas, la cuestión es que no son sus problemas. Todas esas cosas las solucionan (los poderosos) pasando una tarjeta de crédito bancaria. Así funcionan. ¿Cómo les podría interesar la universidad o los colegios? Por esa razón, entre nuestras demandas, está la de “reclamar medios”. No se trata de caridad, no no. Se trata de que son nuestros impuestos. Y que no engañen a nadie, si hay dinero. Nos llevan mintiendo mucho tiempo con cuentos infantiles, sin embargo ya va siendo hora, de que como ha sido lo constante a lo largo de la historia, los jóvenes tomen el mando sobre su futuro. Sin libros, inversión en personal docente, en bibliotecas y espacios de estudio y apoyo al estudiante es imposible que se cumpla la repetida frase hasta la saciedad que clama por “igualdad de oportunidades”.

Los estudiantes, como hemos dicho antes, tienen que tomar el mando sobre su futuro. Se trata de oponer el lema del Plan Bolonia “una universidad al servicio de la economía”, sustituyéndolo por el de “una economía al servicio de la universidad”. Si no entendemos el significado que expresa que nadie es más que nadie, que el hecho de ser más listo, más guapo, más rico, no garantiza nada respecto de nuestros semejantes, no entenderemos que significa igualdad. Como seres humanos, tenemos el derecho y el deber de instruirnos y eso solo es posible con libertad. No es una palabra vacía. Para conseguir esto solo es necesario ponerse en lugar del otro, empatizar, entender que los demás también merecen las mismas oportunidades por el hecho de haber nacido. A la idea que expresa esto se le llama fraternidad. Estas tres palabras, además de constituir el lema de la Revolución Francesa, tienen el papel de orientarnos. Hacernos comprender cual es el significado de la palabra PÚBLICO.

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Acerca de Sergio Sigüenza

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Estudiante de Filosofía y Sociología en la UCM.

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