Lunes, 11 de diciembre de 2017
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El cambio climático y el capitalismo

Es innegable en pleno siglo XXI que el ser humano es el responsable de que el clima del planeta esté cambiando más rápido de lo que creemos y que está en nuestras manos pararlo.

Todo empezó con la Primera Revolución Industrial, en la que nos desarrollamos tecnológicamente e industrialmente en toda Europa y Norteamérica y se empezó a usar el carbón como combustible, lo que producía una gran cantidad de gases de efecto invernadero. Tiempo después, se empezaron a usar otros combustibles fósiles como el petróleo o el gas natural, que siguieron agravando el problema de las emisiones de los gases. Hoy en día, estos combustibles se usan prácticamente para todo sin que se fomenten las alternativas a ellos, que son muchas y que no emiten éste tipo de gases, ya que grandes multinacionales y algunos países no tienen pensado dejar de hacer negocio con ellos mientras no se acaben.

Los gases de efecto invernadero (el dióxido de carbono, el dióxido de nitrógeno o el propio vapor de agua, entre muchos otros) no dejan que parte de la luz solar que nos llega salga reflejada al espacio, lo que hace que el calor no salga, aumentando de esta manera la temperatura del planeta. La subida de la temperatura provoca que el hielo que hay en los polos se derrita, que fuentes de agua dulce como ríos o lagos se sequen (el Mar de Aral o el Lago Chad, por ejemplo), que suba el nivel del mar y que las corrientes del mar se alteren, lo que provoca que haya cambios en el clima y la desaparición de especies en todo el planeta. La desertificación y la subida del nivel del mar provocará la migración de pueblos enteros en continentes como África y Oceanía. Estas consecuencias, aparte de afectarnos a nosotros, también provocará la extinción de especies al verse reducido su hábitat.

En 1997 se firmó el Protocolo de Kioto con la intención de reducir la emisión de los gases causantes del efecto invernadero, pero no entró en vigor hasta el año 2005, esto hizo que el paupérrimo acuerdo no sirviese absolutamente para nada. Es obligatorio recordar que no fue firmado ni por Canadá ni por Estados Unidos. En los últimos años se han firmado nuevos acuerdos para que la temperatura del planeta no suba más de 2 grados en las próximas décadas, pero la cosa no pinta nada bien, ya que los dos países que más contaminan, China y Estados Unidos, no terminan de ponerse de acuerdo y la reciente elección de Donald Trump no hace otra cosa que añadir más problemas. Ya ha dicho el nuevo presidente estadounidense que tiene intención de abandonar todo acuerdo relacionado con el cambio climático.

No solo la emisión de estos gases provoca cambios en el clima, también hay que mencionar la excesiva deforestación de bosques y selvas en todo el mundo, porque los bosques son el principal pulmón del planeta, ya que son las plantas quienes absorben el CO2 que se emite a la atmósfera y hemos llegado a un punto en el que emitimos más dióxido de carbono al aire del que estas pueden absorber.

El sistema capitalista antepone el beneficio económico a la situación de nuestra casa, de nuestro planeta, y es por esto que es fundamental que la economía de muchos países del mundo deje de estar en manos del comercio con gas natural o petróleo, que se aumente la seguridad donde ya se esté extrayendo (para evitar catástrofes medioambientales como la que causó BM en el Golfo de México), que se aumenten los espacios protegidos, que se dejen de hacer prospecciones, que se recicle, que se limpien los bosques y mares y que se fomente el turismo sostenible y el uso de energías renovables.

Necesitamos urgentemente concienciar a la sociedad que el sistema debe cambiar, que el sistema necesita explotar a la Tierra para mantenerse y que no hay alternativa dentro de él.

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Acerca de Aitor Cid

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Estudiante de Geología en la UPV y militante de Gazte Komunistak y de IU Ortuella. Antifascista como el 'Guernica' de Picasso.

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2 comentarios

  1. Kапитан Д6

    Curioso que utilicéis para el artículo anticapitalista, una foto del desierto del mar de Aral; secado por el gobierno comunista de la URSS.

    • mm

      Cierto es que el Mar de Aral empezó a secarse con los últimos años de la URSS, pero desde el final de la Unión Soviética, la desaparición se ha acelerado. El capitalismo no ha sido capaz de frenarlo, al contrario.

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