Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Cambio de conductas y costumbres en la vida de la mujer… por culpa del hombre

Me estreno en este medio para hablaros de cómo afecta el machismo a dos espacios concretos de la vida de la mujer: la conducta y las costumbres.

Voy a explicarme mejor. El otro día, iba hacia mi casa , de noche y sola y me encontré con un grupo de chicos. Como de costumbre, utilizaron su espléndida imaginación para regalarme todo tipo de “piropos” y joyas verbales que el mismísimo Lorca hubiese llorado de emoción.

Me di cuenta de algo en lo que no me había parado a pensar antes, y ese algo es que agaché la cabeza al pasar por delante de esos chicos. Sí, agaché la cabeza. Me puse a pensar y caí en que siempre lo hago cuando paso por delante de un grupo de hombres o de alguno que sé de seguro que va a decirme algo.

¿Sumisión? No precisamente… más bien creo que es un intento inútil para lograr pasar desapercibida. Ese pequeño detalle me hizo pensar en todas las veces que cambio mi conducta para intentar no sufrir una situación embarazosa. Esto puede parecer una tontería, pero no lo es, y os digo por qué. Las mujeres estamos abandonado los espacios públicos, cambiando nuestras rutas, actuando de una manera cohibida, porque es realmente angustioso encontrarse en un lugar y estar constantemente intentando que no se produzca una situación en la que tú eres la protagonista. No sé si me explico.

Yo, por ejemplo, dejé de salir a discotecas porque no podía seguir soportando el acoso físico y verbal que se vive en ellas. Ahora me parecen espacios absurdos en los que te encuentras encerrada con un grupo de buitres que aprovechan cualquier despiste para meterte mano o decirte alguna barbaridad, claro, imaginaos que cóctel molotov es mezclar machismo y tanto alcohol en vena. Lo reconozco, en este espacio, el machismo me ha vencido, pues ahora me repelen las discotecas y no se me ocurre pisarlas. Qué injusto, ¿no?

Luego, está esa circunstancia en la que tienes que cambiar de sitio en el garito al que vas siempre, porque el cansino de turno no quiere entender lo que significa un “No”. Es de traca que estando tranquilamente en un espacio público en el que tienes el mismo derecho de estar que otro, tengas que coger tu copa y mudarte sigilosamente entre el gentío, porque está ese hombre que te ametralla a preguntas absurdas y te pide el numero de teléfono todo el rato. Un gulag en Murcia en pleno agosto para este tipo de tíos se queda muy corto. Se aceptan propuestas.

¿Quién de vosotras no se ha ido antes a casa para que no se haga más tarde porque sabes que tienes que volver sola?

¿A quién de vosotras no le ha amargado la noche el típico machote que después de haber recibido 400 veces un “No” te pone a parir?

El machismo nos afecta en tantísimos aspectos de nuestra vida, que es imposible conocerlos todos de repente. Ahí se encuentra la labor de las feministas, en descifrar todos ellos y comenzar a cambiarlos y extinguirlos.

Si tienes miedo cuando vuelves a casa, si estás cabreada porque ese imbécil no te deja respirar, si te estresa que ese hombre te mire como si acabase de ver al mismo monstruo de los Goonies, tranquila, respira y piensa que no estás sola, y que solo es una cuestión de tiempo y lucha que esto se acabe.

Sí es nuestra lucha, y son también, nuestros espacios. Vamos a conquistarlos.

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Acerca de Mamen Sáez

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Comunista, republicana, atea, feminista, antifascista, anticapitalista, militante de base. Periodismo en la UCM. Extremeña perdida en Madrid. BRUJA

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