Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Hillary Trump

Noto cierto temor a que salga elegido Donald Trump como presidente de los EEUU. No voy a ocultar mi repugnancia por semejante “payaso”. Que quede en acta mi respeto a tan preciosa profesión, pero permitidme utilizar el término de manera peyorativa. Y es que, aunque el progre de rostro humano diga lo contrario, Trump representa en estas elecciones el voto del cambio. Cambio contra un establishment político que no responde a las necesidades de una clase obrera que tiene cada vez más miedo a los procesos de globalización del capitalismo, tanto en materia económica, social y cultural.  Y citando a Gramsci por postureo posmodernista “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”…y surgió Trump. Entre esos cambios, el abandono de la política jacksoniana en materia de política exterior, es decir, abandonar la injerencia extranjera para el derrocamiento de regímenes no favorables a los intereses comerciales de EEUU. El abandono de un modelo imperialista por un modelo aislacionista… O eso parece. Básicamente Trump tiene como enemigo al propio Trump, alguien que está en otra irrealidad internacional y geopolítica. ¿De verdad los “check and balance” van a dejar que su comandante en jefe juegue al Risk mostrando abiertamente sus jugadas? ¿Ahora que estamos en un momento de gran transición geopolítica en el que las potencias se empiezan a reconfigurar en el nuevo escenario internacional? Permítanme dudarlo.

En EEUU se vota en carácter de clase. La “working class” norteamericana ha visto la deslocalización de todo un tejido industrial y la precarización de los puestos de trabajo. Esa clase trabajadora que culpa a la administración Obama de no dar respuestas a sus necesidades y demandas, que culpa a la globalización de la pérdida de sus puestos de trabajo, que culpa al inmigrante de arrebatarles el trabajo no se siente representada en una candidata que ha trabajado en el gobierno de Obama, que representa esa casta política de millonarios que viven en una realidad paralela. Pero sin embargo, sí se ve representada por el discurso protofascista, aislacionista y racista de Trump. Este personaje no pertenece al establishment político que ataca con sus discursos, aun siendo un burgués, es independiente en lo que se refiere al corporativismo de Washington. Lo que sí está claro es que Trump, a diferencia de Clinton, sí tiene “un mañana”, es decir, aunque fracase electoralmente, no habrá terminado su carrera política ya que ha dado un discurso a una parte de la clase trabajadora blanca que se sentía abandonada por la política tradicional, mientras que Clinton sí tiene un techo.

Y es que Clinton es un producto cocinado dentro del propio régimen norteamericano, un producto para canalizar el miedo al cambio, sea cual fuese. La representante de los intereses de Wall Street. El progrerío europeo se ha rendido a sus pies, como única persona capaz de frenar al protofascista Trump. Pero no podemos pasar por alto su currículum, y no me refiero al laboral, sino al legado político que deja. Por ser breves podemos centrarnos  por encima en tres países: Haití, Libia y Siria.

En Haití, la secretaría de estado de Clinton presionó para evitar que el gobierno de Haití de la subiese de 37 centavos en el salario mínimo de $ 0.24 una hora a $ 0.61 centavos por hora.  Su Departamento tuvo un papel decisivo en las elecciones presidenciales de Haití en favor de intereses de las corporaciones americanas. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, miles de ciudadanos haitianos salieron a las calles alegando que el presidente recientemente elegido, Michel Martelly, había cometido fraude electoral. Más tarde, Martelly otorga a Bill Clinton un puesto en una consultora que trabaja para atraer a los inversores extranjeros.

¡Qué podemos decir de Libia y Siria! Desde la ejecución del líder Muamar Gadafi, pasando por la destrucción del país y la apropiación de recursos, Libia fue el laboratorio de pruebas de EEUU de lo que vendría después en Siria. La injerencia del Departamento de Exteriores se ha basado en la financiación de grupos terroristas, como el DAESH, para derrocar regímenes no favorables a los intereses geopolíticos de EEUU. Con un alto coste en vidas humanas y provocando el mayor éxodo a Europa de refugiados que huían de la barbarie.

Sin obviar la injerencia en América Latina, donde han interferido en el apoyo a golpes de Estado contra los gobiernos populares y progresistas de la región.

En un sistema puramente bipartidista, debe ser difícil elegir quién te va a oprimir.

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Acerca de Txetxu Rivera

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Creando poder popular. Secretario de Formación del PCE de Pinto. En Ganemos Pinto y en RSP de Pinto.

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3 comentarios

  1. mm

    Ni mal menor Trump (fascista) ni mal menor Clinton (imperialista criminal). Ambos caras de la misma crueldad: el capitalismo yanqui

  2. MUY BUEN ARTICULO, CON LA REFERENCIA DE AMBOS PARTIDOS. CREO QUE TODA LA BALANZA SE INCLINA A HILLARY, VEREMOS EN CASO DE GANAR QUE ES LO QUE SIGUE EN LOS AÑOS POSTERIORES.
    SALUDOS Y FELICIDADES.

  3. MUY BUEN ARTICULO, LAS DOS CARAS DE LOS CANDIDATOS, AUNQUE DEFINITIVAMENTE PIENSO QUE TODO ESTA A FAVOR DE HILLARY CLINTON, YA VEREMOS LOS RESULTADOS EN LOS AÑOS POR VENIR.
    SALUDOS.

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