Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Creando miniexplotados

Recuerdo que cuando iba a Primaria las clases se basaban en leer el libro de la asignatura que tocase, sin que la profesora apenas explicase nada. Cuando iba a acabar la clase, parábamos la lectura y nos mandaban todos -o casi todos- los ejercicios de las páginas que hubiésemos leído. Si eran veinte, eran veinte, sin exagerar. Y así con todas las asignaturas del día. Al día siguiente nos preguntaban lo que habíamos leído, que teníamos que sabernos de carrerilla y memorieta para que estuviese bien. Nada de explicarlo con tus palabras. Yo con esto último no tenía ningún problema, pero creo que no es para nada correcto.

Al volver a mi casa tenía que comer y ponerme con todos esos ejercicios rápidamente si quería que me diese tiempo a hacer mis actividades extraescolares (que yo había decidido hacer) o simplemente jugar. Eran muchas las ocasiones en las que mi madre me decía “vámonos al parque” y yo tener que decirle que no podía porque debía terminar los deberes. A veces los acababa a la hora de cenar.

Cuando llegaba el viernes, aprovechando que teníamos dos días por delante, nos daban todavía más tarea. Los domingos, mis padres y yo solíamos comer fuera, y yo iba en muchas ocasiones preocupada por volver temprano para terminar los ejercicios que hubiesen mandado.

Incluso recuerdo que una vez mi madre y también las de unas amigas escribieron una nota a mi tutora para decirle que no haríamos los deberes porque íbamos a celebrar el cumpleaños de una de nosotras. Que los entregaríamos otro día.

La edad que tienen las niñas y niños que van a Primaria es la etapa en la que más curiosos son, porque están ansiosos por conocerlo todo. El alumnado debería ir con la ilusión de aprender cosas nuevas. Aprender puede ser algo muy divertido, pero no de esta manera. No sabiendo que van a un sitio a escuchar leer a sus compañeras, o a sus profesores, durante varias horas, sin enterarse de lo que han escuchado, y que además van a ser obligados a trabajar una serie de ejercicios sobre todo eso que no han entendido.

Claro que acaban yendo cada día a academias, a que les expliquen las materias y a ser ayudados con esos deberes. No siempre padres y madres pueden dedicarse a eso.

¿Cómo pretendemos que niños y niñas se ilusionen con la educación así? Estamos creando a pequeños trabajadores explotados esperando al descanso para comer y aprendiendo a llevarse el trabajo a casa. Un trabajo que, además, les ha resultado de lo más aburrido. Deberían tener más tiempo de pasar buenos ratos con su familia saliendo a visitar algún sitio, como puede ser un museo, viendo una película, yendo al parque o simplemente hablando. Deberían tener más tiempo para dedicar a ellos mismos jugando, leyendo, potenciando su imaginación, que son también maneras de aprender.

Ya tendrán tiempo de saber lo que es pasar horas estudiando y haciendo trabajos, pero no con ocho, nueve o diez años. Esas edades está para otras cosas como las citadas anteriormente. Debemos potenciar el desarrollo de los niños y niñas, no su paso prematuro a la adultez.

Nota: corregí el concepto de “miniempresario” por “miniexplotado” para ajustarse más al fondo de la cuestión. Y por tanto, el título sufrió también ese cambio.

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Acerca de Bea Rubio

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19 años. Estudiando Comunicación Audiovisual en la UMA. Militante de IU y PCE Torremolinos.

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