Lunes, 11 de diciembre de 2017
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Animales de exhibición

Tendría alrededor de 9 años cuando fui a una feria y vi, por primera vez, una “atracción” con animales. Pero con animales de verdad, concretamente ponis. Recuerdo que sentí una mezcla de pena y rabia. Mis padres me dijeron que me subiese y me hiciese una foto. Insistí varias veces en que no quería, pero al final acabé haciéndolo a regañadientes. Os podéis imaginar mi cara en la foto.

La atracción en cuestión era algo como lo que veis en la imagen. Básicamente te subes en los ponis y ellos dan vueltas amarrados a lo que es la estructura del aparato.

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Desde muy pequeña mostraba mi reticencia hacia las exhibiciones con animales, espectáculos en zoológicos, circos (a los que, afortunadamente, nunca fui) y similares. Aunque no lo tenía muy claro porque, después de todo, era una niña, siempre me han gustado los animales y nunca nadie me había concienciado sobre si lo que veía estaba bien o mal.

ZOOLÓGICOS

Hoy por hoy no tengo ninguna duda, no sólo estoy en contra de los espectáculos con animales, sino también de los zoológicos. Hagan exhibiciones o no.

Los zoológicos suponen una cárcel para todos los animales. Presumen de imitar su hábitat natural cuando en realidad nos encontramos con espacios con paredes de cemento y/o cristal con temperaturas artificiales, no preocupándose, además, en acondicionar esos espacios mínimamente. A veces, incluso, les dan el lujo de ponerles una charca con agua estancada para que se refresquen, así como cuatro arbustos preferiblemente artificiales.

Los animales no suelen encontrar ningún estímulo y caen, no sólo en el aburrimiento, sino también en trastornos psicológicos. La inactividad física puede acarrear problemas de salud. No dudo en que sean atendidos, pero ya pasamos a que tengan que ser “sobremedicados” para que los veamos en condiciones.

Los visitantes de los zoos también acaban colaborando con esto, ya no con la simple visita, sino tirando objetos a los animales, fumando, gritando, tirando basura, golpeando los vidrios, etcétera.

Existen zoos que te ofrecen tocar a los animales. Esto es fatal para ellos, pues les resulta muy estresante y en ocasiones son drogados para que estén tranquilos ante las visitas y el contacto físico obligado con las personas.

Hay quien defiende los zoológicos porque “sirven para estudiar a los animales”. Sirven para estudiarlos con un comportamiento en cautividad, el cual es completamente diferente al que tienen en su hábitat natural.

ESPECTÁCULOS

Encontramos espectáculos con animales tanto en circos como en zoos. En circos con animales como elefantes, felinos salvajes o babuinos, y en los zoos destacan mucho los espectáculos con delfines.

En los circos, los animales pasan la mayor parte del tiempo en remolques, encadenados por sus patas y con unos niveles de ejercicio diario claramente reducidos. Es por eso que encontramos comportamientos estereotípicos como el balanceo de los elefantes. También podemos destacar la necesidad no cubierta de los babuinos de trepar, lo que les provoca estrés y eso conlleva a que se hagan heridas ellos mismos o también el malestar de los felinos ante tanto ruido por el tráfico, la música, el público.

Todo ello obviando que los entrenamientos de los animales de circo no son precisamente a base de galletitas y caricias. Aunque, de entrada, no debieran recibir ningún tipo de entrenamiento.

Con respecto a los famosos delfines de los zoológicos, estos viven con animales de distintos orígenes, especies y sin parentesco. Para controlar sus comportamientos cuando tornan agresivos, se les administran hormonas y otros tipos de medicación.

Los delfines reconocen su entorno a través de la ecolocalización, que es la capacidad de algunos animales de conocer su entorno por medio de la emisión de sonidos y la interpretación del eco que los objetos a su alrededor producen debido a ellos. Esto no pueden hacerlo en los tanques de agua ya que las ondas rebotan en las paredes y les estresa. A menudo su entorno es tan ruidoso -a causa de la maquinaria o la música de los espectáculos- que afecta sus umbrales de percepción auditiva.

Desgraciadamente, se pueden decir muchas más cosas de las que yo he comentado. Los animales no son objetos de exhibición para el ocio humano.

Fuentes de documentación:
http://www.infocircos.org/
http://sosdelfines.org/
http://vidasenjauladas.org/

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Acerca de Bea Rubio

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19 años. Estudiando Comunicación Audiovisual en la UMA. Militante de IU y PCE Torremolinos.

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2 comentarios

  1. Desgraciadamente, hoy por hoy, el debate entre la egemonia humana sobre la animal sigue sin superarse. En realidad, bajo mi punto de vista, es un problema que nace del ego humano y que lejos de atajarse, se potencia a través de la educación reglada del propio sistema.
    ¿Qué hacer cuando un profesor de secundaria, en su asignatura de valores éticos, enseña a sus alumnos que no existe el sufrimiento Animal? ¿Sobre qué conocimiento basa su percepción? ¿Bajo qué responsabilidad hace esas apreciaciones subjetivas? ¿Qué hacer cuando una salida cultural consiste en ir a un zoológico? ¿Cuál es la enseñanza y cuál el aprendizaje? ¿Dónde está la belleza en un pájaro enjaulado y dónde la pena en un galgo quemado vivo?
    Las respuestas están vetadas y cuando se insiste en que se den esas respuestas, comienza un debate torcido donde el respeto animal se compara automáticamente con el humano. Parece que no es compatible en ningún caso y se dan situaciones llenas de necedad donde se recrimina al proanimal, no ser prohumano, llevando la conversación a términos extremos dónde parece que solo hay espacio para defender la dignidad humana.
    Cuando la bea niña rechaza subir a ese poni, lo hace porque entiende que ese ser vivo no debería estar ahí, y que no hay justificación posible, y tan sólo es una niña de 9 años, no hace falta que nadie le explique nada.

    Tan solo terminar recordando a Dian Fossey y a Jane Goodall, por ser mujeres, en un mundo de hombres, que determinaron dedicar sus vidas en el estudio y el fomento del respeto hacia los primates. Que su ejemplo nos contagie de respeto y de ternura.

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