Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Sobre la preocupación de los vecinos de Fontarrón acerca de las antenas de telefonía móvil

Sin duda la generalización de la telefonía móvil en los últimos 20 años ha supuesto un salto cuantitativo en el uso de las ondas electromagnéticas para comunicaciones, siendo su cobertura prácticamente total. Esta tecnología se añade a otras ya generalizadas como la radio y TV, y al WIFI que utilizamos para conectar ordenadores y móviles a la red. La infraestructura que la sustenta, basada en terminales (teléfonos móviles) y antenas emisoras-receptoras, han aumentado su presencia en nuestra vida cotidiana de forma muy notable.

El pasado diciembre se publicó el siguiente artículo en Vallecas VA alertando sobre la supuesta “Contaminación Electromagnética” que sufren los Vecinos de Fontarrón, debido a las antenas de telefonía móvil situadas en tejados y cubiertas del barrio.. Posteriormente, el 18 de enero tuvo lugar una asamblea informativa en la Asociación de Vecinos de Fontarrón sobre la “Contaminación Electromagnética”. Como el término “Contaminación” implica “Alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos”, se ha creado una preocupación lógica en vecinos que observan una relación entre la proliferación de antenas y una merma en sus condiciones de vida. El objetivo de este artículo no es despreciar la preocupación por un agente que ha pasado a formar parte de nuestras vidas rápidamente y a una escala nunca vista, si no mostrar que existen herramientas basadas en el método científico que permiten determinar, a corto y largo plazo, la nocividad de un determinado agente. Para ello, empezaremos definiendo los campos electromagnéticos. Posteriormente comentaremos lo que sabemos del efecto de este agente en los tejidos orgánicos, y comentaremos las conclusiones de los estudios científicos sobre el tema.

Las ondas electromagnéticas son variaciones periódicas de los campos eléctrico y magnético que pueden propagarse por el vacío o distintos medios como el aire. Como las variaciones periódicas del campo eléctrico siempre van acompañadas de variaciones del campo magnético, hablamos de campos electromagnéticos. Los campos electromagnéticos (CEM) se suelen clasificar por su frecuencia (el número de veces por unidad de tiempo que un punto de la onda completa un periodo). La frecuencia se mide en Hertzios (Hz), que se define como un “ciclo por segundo”. Algunos múltiplos muy utilizados son los kilohertzios (kHz = 1000 Hz); los Megahertzios (MHz, 1000000 Hz); Gigahertzios (1000000000) Hz, etc.

La clasificación de las ondas según su frecuencia resulta en el conocido “espectro electromagnético”, que abarca todas las radiaciones electromagnéticas conocidas. Por ejemplo, la luz visible son radiaciones electromagnéticas a las que nuestro ojo es sensible, tienen frecuencias de decenas de miles de GHz. Con frecuencias aún mayores tenemos la luz ultravioleta, los rayos X, y los rayos gamma producidos en las reacciones nucleares. Con frecuencias menores tenemos la radiación infrarroja, los microondas (con frecuencias de los GHz), las ondas de radio (con frecuencias de cientos de MHz), etc. Así, un microondas doméstico emite ondas con frecuencia de 2,45 GHz, muy parecida a la de las ondas de WIFI doméstico. La radio pública emite en torno a los 100 MHz, la televisión entre 500 – 900 MHz, y la telefonía móvil, que aquí nos ocupa, entre 450 y 2700 MHz. Todas ellas son frecuencias muy por debajo de la frecuencia de la luz roja, y alejadas en muchos órdenes de magnitud del ultravioleta o los rayos X.

Las ondas electromagnéticas son transportadas por partículas o cuantos de energía llamados “fotones”. La energía de estas partículas es directamente proporcional a la frecuencia de la onda (cuanta más frecuencia tenga una onda electromagnética, más energía tienen sus fotones). El daño de la radiación electromagnética sobre los tejidos orgánicos depende fundamentalmente de la energía de los fotones. Las radiaciones más dañinas serían las llamadas radiaciones ionizantes, correspondientes a los rayos gamma, rayos X y ultravioleta lejano en el espectro electromagnético, de altas frecuencias (miles de millones de GHz). Los fotones de las radiaciones ionizantes tienen una energía tan grande que son capaces de arrancar electrones de los átomos, y sus efectos sobre tejidos orgánicos pueden ir desde quemaduras hasta destrucción de los tejidos, cáncer y la muerte, dependiendo de la dosis recibida y del blindaje del que dispongamos. Determinadas profesiones, como astronautas, o los trabajadores en el servicio de radiología de un hospital tienen niveles de exposición a las radiaciones ionizantes importantes, y deben protegerse de las mismas. Los rayos gamma, por ejemplo, aparecen en las reacciones nucleares que tienen lugar en los reactores nucleares, y son tan energéticos que sólo el blindaje de plomo u hormigón en el que éstos se encierran puede absorberlos.

Las ondas electromagnéticas que transmiten las señales de los móviles, al estar situadas en una zona del espectro de frecuencias más bajas que las de las radiaciones ionizantes, entran en lo que se denomina globalmente “radiaciones no ionizantes”. Sin embargo, estas ondas electromagnéticas de baja frecuencia también pueden producir efectos térmicos localizados. Es el fenómeno en el que se basa el funcionamiento de los hornos microondas, por ejemplo, y se debe a que las moléculas de agua presentes en los alimentos vibran bajo las microondas de determinada frecuencia. Todos los estudios y recomendaciones sobre limitaciones a la exposición a CEM de baja frecuencia se basan en este efecto.

Para lograr una cobertura de señal de telefonía móvil en todo el territorio, se requiere de emisores de gran potencia (los teléfonos móviles), y antenas receptoras-emisoras, que recogen las señales de los teléfonos móviles que se encuentran alrededor de las mismas y las transmiten a la red normal de cableado terrestre. Es por ello que encontraremos una mayor densidad de antenas en zonas más densamente pobladas, como Puente de Vallecas. Para evaluar los posibles impactos sobre la población, podemos tener en cuenta las características de las ondas que estas emiten: en qué frecuencia emiten, cuánta potencia emiten, y en qué dirección lo hacen. Esta información es accesible en la web del ministerio de industria, o en esta otra página.

Cuando se instala una nueva antena, esta debe de cumplir con la legislación relativa a la exposición a campos electromagnéticos de frecuencias de microondas. La legislación actual proviene del RD 1066/2001, de 28 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento que establece condiciones de protección del dominio público radioeléctrico, restricciones a las emisiones radioeléctricas y medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas. Está basada en la Recomendación 1999/519/CE del Consejo, de 12 de julio de 1999, relativa a la exposición del público en general a campos electromagnéticos (0 Hz a 300 GHz). Si bien es cierto que esta recomendación está obsoleta y debe revisarse, se basa en recomendaciones de organismos como la Comisión Internacional sobre la Protección de Radiación No-Ionizante (ICNIRP) que actualizan periódicamente sus resultados, basándose en revisiones de estudios científicos. La exposición a CEM de microondas a la que está sometida una persona que habla por el teléfono móvil, o un vecino encima de cuya casa haya instalada una antena, está muy por debajo de los límites recomendados. Además las antenas emiten en forma de haz horizontal, como si se tratara de una linterna, siendo las emisiones en las demás direcciones prácticamente nulas. Por tanto, a nivel de suelo o en lugares del edificio de acceso público la intensidad de los CEM son muy inferiores a los niveles considerados peligrosos. Para superarlos, una persona debería acercarse a menos de dos metros de la antena.

La principal preocupación relativa a la proliferación de antenas de telefonía móvil y del uso de terminales proviene de una posible relación entre la exposición a los CEM que estos dispositivos producen y enfermedades como el cáncer, trastornos del sueño, función cognitiva, etc. La revisión de miles de estudios médicos ha permitido a la OMS, a través del proyecto internacional CEM, concluir que el único efecto observado de los CEM de baja frecuencia en el cuerpo es el calentamiento de los tejidos. Para los niveles de exposición a los que estamos sometidos, muy por debajo de los límites legales, este calentamiento es absorbido por la piel y otros tejidos, siendo despreciable el efecto en órganos como el cerebro. La OMS afirma que no existen pruebas fehacientes de que haya otros posibles efectos a corto plazo de la exposición a los CEM, como las alteraciones en el sueño, el ritmo cardiaco, en la actividad cerebral, función cognitiva… En cuanto a efectos a largo plazo, señala que los estudios con animales no demuestran un aumento del cáncer con la exposición a largo plazo a CEM. Sin embargo, muchos tipos de cáncer aparecen mucho después desde la exposición al agente que lo provocó, y debido a que los móviles se empezaron a utilizar a gran escala a principios de los años 90, los estudios epidemiológicos sólo pueden analizar los tipos de cáncer que se manifiestan en un plazo de tiempo más breve. El más conocido de estos estudios epidemiológicos es el estudio INTERPHONE, coordinado por la agencia internacional de investigaciones sobre el cáncer (CIIC), centrado en la relación entre el uso del móvil y el riesgo de padecer cáncer de cabeza y cuello (debido a que es en estos lugares donde los efectos térmicos de las ondas del móvil serían más importantes). Sus resultados llevaron a la CIIC a clasificar a los CEM de radiofrecuencia como posiblemente carcinógenos para los seres humanos (grupo B2), lo que quiere decir que existe una asociación causal creíble, pero que el azar, los sesgos o factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable. En este grupo también está el café.

El ICNIRP, del que también hemos hablado anteriormente, publica habitualmente revisiones basadas en la bibliografía que va apareciendo. Como hemos comentado, basan sus recomendaciones sobre la exposición a los CEM en los efectos de calentamiento localizado. Sobre los efectos no térmicos, una actualización del 2009 afirmaba que “no se puede descartar su posible existencia, pero la plausibilidad de los diferentes mecanismos no térmicos que se han propuesto es muy baja”. Según los estudios in vitro, y de genotoxicidad y carcinogenicidad animal, estos efectos son muy poco probables a bajos niveles de exposición. En otra revisión del 2011 sobre móviles y tumores, afirmaba que “aunque se mantiene cierta incertidumbre, la evidencia acumulada está crecientemente en contra de la hipótesis de que el móvil pueda provocar tumores de cerebro en adultos”.

Otro supuesto efecto adverso para la salud de las personas es la electrosensibilidad o hipersensibilidad electromagnética. Consiste en que determinadas personas dicen ser sensibles a los campos electromagnéticos que las rodean, presentado diversos síntomas que, teóricamente, desaparecen al alejarse de las fuentes. Todos los estudios sobre hipersensibilidad a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia. Esta enfermedad no está reconocida por la Organización Mundial de la Salud más que como un conjunto de síntomas para los que los campos electromagnéticos no son la causa demostrada en ningún estudio científico, y sin embargo es frecuente ver como esta relación se da por probada en sentencias judiciales o iniciativas parlamentarias. Esto contribuye a la confusión y a que cada vez haya más empresas que ofrecen supestos tratamientos para esta falsa enfermedad. Por ejemplo, en el artículo de Vallecas Va del que hemos hablados, aparece citada la “Fundación para la Salud Geoambiental”, en cuya página web podemos encontrar servicios en los que “diseñan y desarrollan las posibles soluciones a problemas de contaminación geoambiental. Asesoran de las medidas más efectivas y de las diferentes alternativas para conseguir crear un espacio más sano donde vivir”, es decir, ofrecer servicios (pagando, por supuesto) basándose en un sinfín de términos sin ninguna base científica, como la “alergia al wifi”. Estos servicios curiosamente son ofrecidos a través de una página web.

Las conclusiones del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), formado por científicos y promovido por la Universidad Complutense de Madrid en su “Informe sobre radiofrecuencias y salud 2009-2010” son muy claras al respecto: no hay evidencia de que los CEM usados en telefonía móvil cuyos niveles se mantengan por debajo de las recomendaciones de la ICNIRP sean genotóxicos ni mutagénicos. Tampoco hay relación causal entre la exposición a los CEM utilizados en telefonía móvil y efectos adversos sobre la salud. Los resultados de los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales y uso del teléfono móvil no demuestran un incremento del riesgo padecer tumores cerebrales en un período de uso de 10 años. Recomiendan un uso racional de esta herramienta al no disponer de datos en periodos superiores de exposición. Por último, los estudios sobre hipersensibilidad a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia.

Los niveles de exposición de los vallecanos a los campos electromagnéticos asociados a la telefonía móvil son muy inferiores a los límites marcados en las recomendaciones del ICNIRP, de la UE y de la normativa vigente, y sin embargo son muchos los vecinos que muestran preocupación por este tema. Medidas de la exposición a los CEM realizadas en las asociaciones de vecinos preocupadas por este tema son pertinentes y recomendables, siempre que lo hagan organismos oficiales. Por último, recordar que sí que existen factores probados que perjudican nuestra salud, por ejemplo, la contaminación ambiental producida por el tráfico, una alimentación deficiente, o la misma desigualdad económica que observamos entre otros distritos y el nuestro. Informarnos acerca de estos factores y proponer en nuestras instituciones locales medidas para paliarlas (por ejemplo, las recientes medidas contra la contaminación llevadas a cabo en Madrid, las propuestas de alimentación sana en comedores escolares…) está en nuestra mano.

Aquí puedes leer el informe, con la bibliografía utilizada y los estudios consultados

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Acerca de Fran Arrieta

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Doctor en Ciencias Físicas, Profesor de Secundaria. Militante del PCE e IU

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